martes, 20 de septiembre de 2016

Martes: FUNDAMENTOS PARA LA VIDA CRISTIANA (Josué 1.1-9)

FUNDAMENTOS PARA LA VIDA CRISTIANA

Josué 1.1-9
1 Aconteció después de la muerte de Moisés siervo de Jehová, que Jehová habló a Josué hijo de Nun, servidor de Moisés, diciendo:
2 Mi siervo Moisés ha muerto; ahora, pues, levántate y pasa este Jordán, tú y todo este pueblo, a la tierra que yo les doy a los hijos de Israel.
3 Yo os he entregado, como lo había dicho a Moisés, todo lugar que pisare la planta de vuestro pie.
4 Desde el desierto y el Líbano hasta el gran río Eufrates, toda la tierra de los heteos hasta el gran mar donde se pone el sol, será vuestro territorio.
5 Nadie te podrá hacer frente en todos los días de tu vida; como estuve con Moisés, estaré contigo; no te dejaré, ni te desampararé.
6 Esfuérzate y sé valiente; porque tú repartirás a este pueblo por heredad la tierra de la cual juré a sus padres que la daría a ellos.
7 Solamente esfuérzate y sé muy valiente, para cuidar de hacer conforme a toda la ley que mi siervo Moisés te mandó; no te apartes de ella ni a diestra ni a siniestra, para que seas prosperado en todas las cosas que emprendas.
8 Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien.
9 Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas.

Hay un versículo que Dios pondrá en su corazón tarde o temprano: Josué 1.9 ("Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas.") ¡Ahora es el momento! Memorice lo más rápido que pueda ese versículo en cuanto a la valentía, Lea todo el pasaje y entienda que la fortaleza y la valentía están ligadas a la concentración en la Palabra de Dios. Por esta razón, pasar tiempo con Dios debe ser una prioridad en nuestra vida.

Cuando estamos en comunión diaria con nuestro Señor, podemos aceptar más fácilmente que Él tiene el control absoluto de todo lo que enfrentamos. Ya sea que hayamos sido golpeados por la adversidad o que estemos rebosando de gozo, Dios tiene controladas nuestras circunstancias. Pasar tiempo con el Padre celestial nos permite traer a Él nuestras preocupaciones y nuestros sentimientos. El Señor podrá, entonces, gozarse con nosotros o abrigarnos tiernamente en nuestra necesidad.

Orar cuando leemos la Biblia y pedirle a Dios que hable a nuestro corazón cuando la leemos es un privilegio que tenemos como cristianos. Cuando estamos delante del Señor, tenemos la oportunidad de recibir su guía y su poder para manejar nuestras circunstancias. Por tanto, Dios restaura nuestras fatigadas almas y nos renueva para enfrentar un nuevo día.

Personalmente, creo que al salir cada mañana de nuestra cama debemos pasar un poco de tiempo de rodillas. Es necesario encomendar cada día a nuestro Padre celestial, examinar nuestras tareas del día y entregar el tiempo a Él. La mañana es como el timón de nuestro día; la manera como comencemos encauzará toda nuestra dirección.

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Ps. C. Stanley

lunes, 19 de septiembre de 2016

Lunes: EL AMOR DE DIOS Y SU JUSTICIA (Salmo 33.4, 5)

EL AMOR DE DIOS Y SU JUSTICIA

Salmo 33.4, 5
4 Porque recta es la palabra de Jehová,
Y toda su obra es hecha con fidelidad.
5 El ama justicia y juicio;
De la misericordia de Jehová está llena la tierra.

Algunas personas rechazan el mensaje de salvación porque se sienten ofendidas por lo que dice la Biblia sobre la ira de Dios. Incluso, hay creyentes que tienen problemas para reconciliar el amor del Señor con su justicia. ¿Cómo puede Él ser perfectamente misericordioso y perfectamente justo, al mismo tiempo? En un intento por conciliar este dilema, a menudo tratamos de suavizar el mensaje de juicio, y subrayar más bien el amor de Dios. Pero el amor y la justicia no son términos contradictorios. En realidad, no se puede tener uno sin el otro.

El amor de Dios es para nuestro bien. Si no hay justicia, el pecado se vuelve incontrolable, y causa dolor y sufrimiento. Nadie piensa que un juez ama a la gente si se niega a castigar a un criminal. Dejarlo libre no es saludable para el culpable ni para la comunidad. De la misma manera, nuestro Padre celestial no puede permitir que el pecado quede sin castigo.

Pero esto presenta un dilema aun mayor para la humanidad. Todos somos culpables delante del Dios santo. Es por eso que Cristo vino a la Tierra. Él llevó sobre sí la ira divina por todos nuestros pecados, para que el Padre celestial pudiera ser justo y al mismo tiempo perdonador. Su justicia fue satisfecha por el mayor acto de amor: la muerte de Cristo en la cruz. Así que, quienes aceptan por fe la oferta de salvación del Señor, nunca experimentarán el castigo eterno.

Aunque en el cielo todos los creyentes compareceremos ante el tribunal de Cristo, no habrá razón para temer. Nuestro juicio será con el fin de determinar las recompensas, no de recibir castigo. Por gratitud, debemos prepararnos ahora para ese momento, viviendo para el Señor cada día.

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Ps. C. Stanley