sábado, 7 de mayo de 2016

Sábado: UN PROPÓSITO ESPECIAL (Salmo 150)

UN PROPÓSITO ESPECIAL

Salmo 150
1 Alabad a Dios en su santuario; Alabadle en la magnificencia de su firmamento.
2 Alabadle por sus proezas; Alabadle conforme a la muchedumbre de su grandeza.
3 Alabadle a son de bocina; Alabadle con salterio y arpa.
4 Alabadle con pandero y danza; Alabadle con cuerdas y flautas.
5 Alabadle con címbalos resonantes; Alabadle con címbalos de júbilo.
6 Todo lo que respira alabe a JAH. Aleluya

El Señor nos ha hecho un pueblo especial para que podamos cumplir con una misión especial. Isaías 43.21 dice: “Este pueblo he creado para mí; mis alabanzas publicará”. Una parte integral de la adoración al Señor es proclamar su grandeza.

Alabar a nuestro Padre celestial es aplaudirlo por ser Él quién es, y por lo que ha hecho. Esto implica la liberación de nuestras emociones para expresar la adoración abierta y confiada al Señor. Cuando alguien ama a otra persona, la respuesta más natural es elogiarla. De la misma manera, quienes aman a Cristo descubren que la alabanza viene con facilidad a sus labios.

Alabar al Señor es bueno para nosotros. En nuestra sociedad egoísta, las personas están interesadas básicamente en satisfacer sus necesidades. Por desgracia, esta misma actitud se ha infiltrado en algunas iglesias. Pero Dios no quiere que vengamos a la iglesia pensando solo en nosotros. La alabanza levanta nuestros ojos a Cristo, y llena nuestro corazón con la satisfacción que no tenemos cuando nos centramos exclusivamente en nuestros problemas y necesidades.

Aunque la alabanza y la adoración están asociadas, por lo general, con los servicios de la iglesia, ellas deben caracterizarnos en dondequiera que estemos. Algunas de las experiencias más íntimas y preciosas de la adoración pueden ocurrir en los momentos pasados a solas con Dios.

Si usted se da cuenta de que su alabanza carece de vitalidad, exprese su deseo sincero al Señor de aprender a alabarle con todo el corazón. Enfocarse en la adoración es la clave. Recuerde las maneras en que Dios ha cuidado de usted, y dígale lo grande que es Él.

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Ps. C. Stanley

viernes, 6 de mayo de 2016

Viernes: UN PUEBLO ESPECIAL (1 Pedro 2.9, 10)

UN PUEBLO ESPECIAL

1 Pedro 2.9, 10
9 Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable;
10 vosotros que en otro tiempo no erais pueblo, pero que ahora sois pueblo de Dios; que en otro tiempo no habíais alcanzado misericordia, pero ahora habéis alcanzado misericordia.

Cada vez que los sentimientos de baja autoestima nos amenacen con el desaliento, necesitamos confiar en la verdad de la Palabra de Dios, no en nuestras emociones. Hoy examinaremos cuatro frases que describen cómo el Señor ve a cada creyente. Lo ve como:

1. Linaje escogido. Dios nos escogió para ser parte de su reino y de su familia, porque así lo quiso. Nadie que haya sido elegido por el Todopoderoso es insignificante.

2. Real sacerdocio. Como creyentes, somos hijos de Dios y, por tanto, parte de una familia real. En otras palabras, somos “herederos de Dios y coherederos con Cristo” (Ro 8.17). Así como Jesús cumplió los papeles de rey y sacerdote, Dios también nos ha confiado las responsabilidades sacerdotales de adoración e intercesión por los demás.

3. Nación santa. La iglesia, o cuerpo de Cristo, es un grupo de personas santas, que significa “apartadas” para los propósitos de Dios. Nuestra vida nunca carece de sentido, porque vivir para el Señor es la misión más grande que podemos tener.

4. Pueblo adquirido por Dios. Usted y yo somos posesión de Dios ("Porque eres pueblo santo a Jehová tu Dios, y Jehová te ha escogido para que le seas un pueblo único de entre todos los pueblos que están sobre la tierra.", Dt 14.2; "quien se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras.", Tit 2.14; 1 P 2.9). Él nos valora tanto que envió a su Hijo a morir en nuestro lugar para que pudiéramos ser suyos.

Cada una de estas descripciones muestra el alto valor que Dios le da a usted. Satanás puede susurrar crítica y condenación, pero no puede cambiar lo que usted es realmente. Comience el día de hoy recordando su verdadera identidad y viviendo el llamamiento supremo del Señor.

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Ps. C. Stanley