miércoles, 12 de agosto de 2015

Miércoles: Nuestro fundamento firme (Lucas 6.46-49)

Nuestro fundamento firme

Leer | Lucas 6.46-49
46 ¿Por qué me llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo? 
47 Todo aquel que viene a mí, y oye mis palabras y las hace, os indicaré a quién es semejante. 
48 Semejante es al hombre que al edificar una casa, cavó y ahondó y puso el fundamento sobre la roca; y cuando vino una inundación, el río dio con ímpetu contra aquella casa, pero no la pudo mover, porque estaba fundada sobre la roca. 
49 Mas el que oyó y no hizo, semejante es al hombre que edificó su casa sobre tierra, sin fundamento; contra la cual el río dio con ímpetu, y luego cayó, y fue grande la ruina de aquella casa.
Miércoles 12 de agosto de 2015
Dios tiene maneras de sacudir al mundo. Literalmente, causó un temblor cuando Jesús murió en la cruz, y Hebreos 12.26 describe un tiempo en el futuro cuando el mundo experimentará una demostración semejante de su poder y su presencia.
Hebreos 12:26:
"La voz del cual conmovió entonces la tierra, pero ahora ha prometido, diciendo: Aún una vez, y conmoveré no solamente la tierra, sino también el cielo."
Asimismo, Dios permite hoy que los fundamentos de nuestro mundo sean sacudidos, ya sean las alianzas políticas, los sistemas financieros u otras formas de seguridad humana. Entonces podemos ver la fragilidad de las estructuras en las que hemos basado nuestras esperanzas.
Las personas también son sacudidas cuando una familia experimenta una crisis, o un matrimonio comienza a deshacerse. Si hemos construido sobre los frágiles cimientos de la sabiduría humana, del orgullo y del amor condicional, las cosas pueden parecer estar bien durante un tiempo, pero colapsarán cuando golpee la tormenta.
Aunque la adversidad nos afecta a todos, podemos tener paz al saber que Dios siempre tiene un propósito mayor cuando permite trastornos en nuestro mundo. Los tiempos difíciles pueden sacarnos de la apatía, recordándonos que no debemos confiar en nosotros mismos o en las cosas de este mundo. Hay solo un fundamento seguro: una relación profunda y genuina con Jesucristo, quien estará con nosotros en todas las turbulencias.
No basta con que disfrutemos de la seguridad de saber que nuestra “casa” está construida sobre un fundamento sólido. Como embajadores de Dios en la Tierra, tenemos la responsabilidad de extender su compasión a las personas cuyas vidas se están derrumbando.



martes, 11 de agosto de 2015

Martes: Adversidades autoinfligidas (Salmo 119.65-72

Adversidades autoinfligidas

65 Bien has hecho con tu siervo, Oh Jehová, conforme a tu palabra.
66 Enséñame buen sentido y sabiduría, Porque tus mandamientos he creído.
67 Antes que fuera yo humillado, descarriado andaba; Mas ahora guardo tu palabra.
68 Bueno eres tú, y bienhechor; Enséñame tus estatutos.
69 Contra mí forjaron mentira los soberbios, Mas yo guardaré de todo corazón tus mandamientos.
70 Se engrosó el corazón de ellos como sebo, Mas yo en tu ley me he regocijado.
71 Bueno me es haber sido humillado, Para que aprenda tus estatutos.
72 Mejor me es la ley de tu boca Que millares de oro y plata.
Martes 11 de agosto de 2015
Las dificultades que enfrentamos se originan de una de tres fuentes. Algunas son enviadas por Dios para probar nuestra fe, otras son el resultado de los ataques de Satanás, y otras se deben a nuestras decisiones pecaminosas.
Al considerar estas tres causas, creo que la mayoría de nosotros diría que la más difícil de soportar es la última, porque no tenemos a nadie a quien culpar sino a nosotros mismos, y porque nos parece que nada bueno aportarán. Después de todo, la Biblia dice que cosecharemos lo que hemos sembrado (Gá 6.7), por lo que no vemos nada por delante, excepto una cosecha dolorosa.
Lo que esta manera de pensar no toma en cuenta es la capacidad redentora del Señor. Aunque Él nunca promete eliminar las consecuencias del pecado, sí puede usar nuestros fracasos para enseñarnos a temerle, aborrecer el mal y caminar en obediencia. Las lecciones difíciles que aprendemos pueden también convertirse en nuestra protección contra el pecado en el futuro. Al haber experimentado el dolor producido por nuestras decisiones, somos más propensos a no tomar el mismo camino otra vez.
Dios a menudo utiliza nuestros propios errores como herramientas para captar nuestra atención. Él no impedirá que sus hijos dejen de ser castigados por su pecado, porque sabe que éste nos roba bendiciones, oportunidades y también la oportunidad de mejorar nuestro carácter.
Por más dolorosa que pueda ser su situación, dé gracias al Padre celestial por amarle y disciplinarle. Cuando aprendemos de la experiencia, las cicatrices del pecado pueden llevar a la restauración, y a una nueva y más estrecha relación con nuestro Señor y Salvador.