domingo, 17 de julio de 2016

Domingo: LA LUCHA CON LA TENTACIÓN (1 Corintios 10.13)

LA LUCHA CON LA TENTACIÓN 

1 Corintios 10.13
13 No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar.

No importa qué forma específica tome la tentación en nuestra vida, el enemigo utiliza bastante bien el mismo procedimiento para descarriarnos.

Primero, comenzamos a pensar en el objeto de nuestro deseo. Jugamos con él en nuestra mente, imaginando cómo nos sentiríamos si lo tuviéramos. Es curioso que sin importar cuántas bendiciones haya derramado Dios sobre nosotros, ¡solemos enfocarnos en lo que no tenemos! Debemos preguntarnos: ¿Será que el enemigo está tratando de desviar mi enfoque?

Recuerde que Satanás quiere alejarnos del Señor. Si puede lograr que quitemos nuestra mirada de Dios y fijemos nuestra atención en lo que sentimos que nos está haciendo falta, podrá tentarnos.

Luego, ese pensamiento crece hasta que finalmente da lugar al deseo abierto. Este intenso anhelo es la culminación de nuestras fantasías. Ya no estamos satisfechos con simplemente disfrutar del objeto en nuestra mente; ahora queremos tenerlo realmente.

Por último, el deseo lleva a una elección. Aquí es donde tomamos la decisión, ¿Cederé a este pecado, o lo rechazaré para someterme a la voluntad del Señor?
Gracias al poder del Espíritu Santo, tenemos la capacidad de apartarnos de la tentación. Nunca somos impotentes para neutralizar la situación, no importa que tan fuerte sea.

¿Se ha sentido usted incapaz alguna vez de detener una tentación en su vida? Entender la naturaleza de este proceso gradual puede ayudarle a mantenerse firme contra las tácticas del enemigo.

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Ps. C. Stanley

sábado, 16 de julio de 2016

Sábado: ¿QUÉ ES LA TENTACIÓN? (Mateo 26.41)

¿QUÉ ES LA TENTACIÓN?

Mateo 26.41
41 Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil.

Toda persona experimenta tentaciones, no importa qué tan espiritual sea o cuánto tiempo haya seguido a Cristo. A veces, esta experiencia es como un débil susurro; en otras ocasiones, es como un grito insoportable en la mente. Pero no importa cómo suene, usted sabe exactamente lo que se siente ser tentado.

La tentación es simplemente la incitación a llevar un deseo dado por Dios, más allá de los límites dados por Él. Muchas personas rechazan esta idea; se niegan a creer que las incitaciones que producen sentimientos de culpa tengan que ver remotamente con el Señor. Pero, piense en esto: ¿De qué manera se siente tentado con mayor frecuencia? ¿En lo material? ¿En lo sexual? ¿En desear estar rodeado de ciertas personas? ¿En comer? Todas estas son cosas que Dios no solamente creó, sino que también utiliza para bendecir a los suyos. El problema viene cuando nosotros —que todavía tenemos una naturaleza carnal— llevamos estos impulsos más allá de los límites sanos que Dios ha fijado para nuestra vida.

Por ejemplo, Él creó el sexo para el disfrute dentro de la relación matrimonial. Pero cuando este deseo divinamente aprobado es corrompido por la intimidad física fuera del matrimonio, entonces lo que el Creador diseñó se convierte en una fuente de culpa y vergüenza. Eso no fue lo que Dios diseñó.

Una de las principales estrategias del enemigo es distorsionar los impulsos dados por Dios. Pero usted puede frustrar ese ataque: recuérdese a sí mismo de dónde surgió el impulso, y luego pídale a Dios fortaleza para utilizarlo para su gloria, tal como fue la intención de Él.

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Ps. C. Stanley