viernes, 15 de julio de 2016

Viernes: ¿PUEDE USTED CONFIAR EN SU CONCIENCIA? (1 Timoteo 1.5-7)

¿PUEDE USTED CONFIAR EN SU CONCIENCIA?

1 Timoteo 1.5-7
5 Pues el propósito de este mandamiento es el amor nacido de corazón limpio, y de buena conciencia, y de fe no fingida,
6 de las cuales cosas desviándose algunos, se apartaron a vana palabrería,
7 queriendo ser doctores de la ley, sin entender ni lo que hablan ni lo que afirman.

“Haga lo que le dicte su conciencia”. Esta pizca de sabiduría popular parece lógica, ya que nuestra conciencia está hecha para ayudarnos a discernir el bien del mal. Pero, no se puede confiar siempre en este radar interno como guía; ese es el caso de los que no tienen al Espíritu Santo para que les revele la verdad y les guíe a tomar decisiones atinadas. Y aunque los cristianos tenemos al Espíritu de Dios morando en nosotros, debemos tener cuidado de no vivir en pecado, ya que esto puede interferir en el funcionamiento de nuestro sensor moral.

Una conciencia fiable es aquella programada con la enseñanza bíblica. Los creyentes crean un sistema de radar espiritual firme y sensible al aplicar la verdad de Dios a su vida. Toman la decisión de pensar y actuar de maneras que honren y agraden al Señor. Entonces, cuando aparezcan pensamientos u opciones pecaminosas en ese radar, este enviará una advertencia clara.

La persona con una conciencia fiable tiene el deseo sincero de obedecer a Dios. No se conforma con lo que parezca estar o verse bien, sino que busca la voluntad del Señor. O sea, no se basa solo en su conciencia, sino que incorpora a su vida diaria todos los recursos del Espíritu Santo —entre ellos la Biblia y la oración.

La conciencia no fue diseñada para ser nuestra guía; es una herramienta del Guía. El Espíritu Santo no solo nos convence de pecado, sino que también trae a la mente los principios divinos, y nos lleva por el camino recto. Él usa diversas herramientas para conformarnos a la semejanza de Cristo ("Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos.", Ro 8.29).

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P. C. Stanley 

jueves, 14 de julio de 2016

Jueves: EL PAPEL DE LA CONCIENCIA (1 Timoteo 1.18, 19)

EL PAPEL DE LA CONCIENCIA

1 Timoteo 1.18, 19
18 Este mandamiento, hijo Timoteo, te encargo, para que conforme a las profecías que se hicieron antes en cuanto a ti, milites por ellas la buena milicia,
19 manteniendo la fe y buena conciencia, desechando la cual naufragaron en cuanto a la fe algunos,

El Señor da a cada persona una conciencia, la cual es como un sistema de radar destinado a enviar advertencias cuando ciertas conductas o decisiones pudieran ser perjudiciales. Esto hace posible que la persona pueda distinguir entre lo malo y lo bueno, especialmente en lo relacionado con su vida. Si ignoramos nuestra conciencia, lo hacemos a nuestro propio riesgo.

En el creyente, la conciencia es una herramienta del Espíritu Santo; Él la programa con los principios de la Palabra de Dios y la agudiza para que responda con rapidez. Aun así, el único propósito de este radar es enviar una señal. Lo que suceda después es cosa nuestra. O bien ignoramos la advertencia, o bien nos detenemos para escuchar lo que el Espíritu quiera decirnos sobre la situación que atravesamos. El Espíritu Santo revela la voluntad de Dios o nos recuerda sus principios para que podamos tomar una decisión acertada gracias a esta alarma en nuestra conciencia.

La carta de Pablo a Timoteo menciona a personas que habían rechazado la guía de Dios —no habían prestado atención a la alarma de su conciencia (1 Ti 1.19), y el resultado fue el naufragio de su fe. Cuando en el radar aparece algo que habla de desobediencia a Dios, tenemos que rechazar lo que pensamos hacer. Si no, este mecanismo de detección se deteriorará y no funcionará bien. Si seguimos ignorando la alarma, al final no sonará más.

Todos conocemos a personas que han “encallado” en la vida. El naufragio de la fe es inevitable cuando el cristiano ignora su conciencia y justifica o defiende su desobediencia. Es mucho mejor que usted se vuelva al gran capitán de su alma, Jesucristo. El Espíritu Santo le guiará bien.

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P. C. Stanley