lunes, 2 de mayo de 2016

Lunes: ORAR USANDO LAS PROMESAS DE DIOS (Isaías 40.8)

ORAR USANDO LAS PROMESAS DE DIOS

Isaías 40.8
8 Sécase la hierba, marchítase la flor; mas la palabra del Dios nuestro permanece para siempre.

Jesús enseñó claramente que tendríamos muchas aflicciones en esta vida. Pero Dios ha dado a sus hijos recursos maravillosos para que las pruebas no nos aplasten. Por ejemplo, puso su Espíritu en cada creyente para guiarle y capacitarle. Además, nos dio la oración, para que podamos comunicarnos con nuestro Padre celestial y presentarle nuestras peticiones.

Hoy quiero enfocarme en otro de sus maravillosos regalos: la Biblia. La Palabra misma de Dios. Ella es la verdad. Nunca cambia. Nos capacita en todas las circunstancias, y por eso tenemos una base segura sobre la cual basar nuestra vida y decisiones.

Hay miles de promesas en la Biblia y Dios quiere que las conozcamos, para que no desaprovechemos las bendiciones que Él quiere darnos. Y los creyentes sabios convertirán esas promesas en oraciones y en el clamor de sus corazones.

Déjeme darle un ejemplo que tiene que ver con decisiones difíciles. El Salmo 32.8 dice: “Te haré entender, y te enseñaré el camino en que debes andar; sobre ti fijaré mis ojos”. Podemos orar utilizando estas palabras de Dios, diciéndole que creemos que Él nos enseñará e indicará su camino, al mismo tiempo que se mantiene a nuestro lado cuidándonos en cada situación.

Cuando surgen las dificultades, necesitamos un fundamento sólido sobre el cual mantenernos firmes. De lo contrario, nuestras emociones pueden fácilmente descarriarnos al hacernos pensar equivocadamente. Dios es fiel y no cambia, así que podemos confiar en sus promesas.

domingo, 1 de mayo de 2016

Domingo: EL GRANDIOSO PLAN DE DIOS (1 Pedro 1.13-16)

EL GRANDIOSO PLAN DE DIOS

1 Pedro 1.13-16
13 Por tanto, ceñid los lomos de vuestro entendimiento, sed sobrios, y esperad por completo en la gracia que se os traerá cuando Jesucristo sea manifestado;
14 como hijos obedientes, no os conforméis a los deseos que antes teníais estando en vuestra ignorancia;
15 sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir;
16 porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo.

Primera de Pedro 1.16 dice: “Sed santos, porque yo soy santo”. ¡Esta es una orden abrumadora! Pero eso es exactamente lo que el Señor quiere hacer en nosotros —hacernos santos. Su grandioso plan puede resumirse en una palabra: santificación. Este es el proceso de tres fases por medio del cual nos aparta para sus propósitos.

La primera fase se produce en el momento de nuestra salvación. Cuando Dios nos declara justos, somos santos posicionalmente. La segunda fase es un avance en el crecimiento, al poner nosotros cada vez más en práctica lo que ya somos según la nueva posición que tenemos en la familia de Dios. Este proceso continuará durante todo el tiempo que vivamos en este mundo.

El Padre nos ha predestinado para que seamos conformados a la imagen de su Hijo ("Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos.", Ro 8.29) y Él está trabajando continuamente para moldear nuestro carácter, conducta y conversación. Aunque Dios es quien lleva a cabo la transformación, tenemos cierta responsabilidad en el proceso. Si no cooperamos con Él, el mundo nos influenciará, y desaprovecharemos los grandes planes que Él tiene para nosotros.

La tercera fase de la santificación es nuestra perfección final, cuando tendremos la santidad absoluta. Cuando muramos físicamente, el alma y el espíritu serán liberados del pecado y, en la resurrección, nuestros cuerpos serán perfeccionados. Seremos irreprochables y sin mancha delante de Cristo.

Si pudiéramos echar un vistazo a lo que será la tercera fase, no nos quejaríamos del difícil proceso de la santificación que sufrimos ahora. Nuestros ojos estarían fijos en la meta y nuestra mayor motivación sería glorificar a Dios y someternos a su voluntad para que nos transforme.

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Ps. C. Stanley