jueves, 14 de abril de 2016

Jueves: CUANDO LLEGAN LAS TORMENTAS (Mateo 14.22-33)

CUANDO LLEGAN LAS TORMENTAS

Mateo 14.22-33
22 En seguida Jesús hizo a sus discípulos entrar en la barca e ir delante de él a la otra ribera, entre tanto que él despedía a la multitud.
23 Despedida la multitud, subió al monte a orar aparte; y cuando llegó la noche, estaba allí solo.
24 Y ya la barca estaba en medio del mar, azotada por las olas; porque el viento era contrario.
25 Mas a la cuarta vigilia de la noche, Jesús vino a ellos andando sobre el mar.
26 Y los discípulos, viéndole andar sobre el mar, se turbaron, diciendo: ¡Un fantasma! Y dieron voces de miedo.
27 Pero en seguida Jesús les habló, diciendo: Tened ánimo; yo soy, no temáis!
28 Entonces le respondió Pedro, y dijo: Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas.
29 Y él dijo: Ven. Y descendiendo Pedro de la barca, andaba sobre las aguas para ir a Jesús.
30 Pero al ver el fuerte viento, tuvo miedo; y comenzando a hundirse, dio voces, diciendo: ¡Señor, sálvame!
31 Al momento Jesús, extendiendo la mano, asió de él, y le dijo: ¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste?
32 Y cuando ellos subieron en la barca, se calmó el viento.
33 Entonces los que estaban en la barca vinieron y le adoraron, diciendo: Verdaderamente eres Hijo de Dios.

Las tormentas son inevitables. En la naturaleza, las fuertes tempestades dejan a su paso paisajes totalmente cambiados. Asimismo los problemas pueden alterar la dirección de nuestra vida.

Cuando surgen dificultades, es posible que le diga al Señor: “Estoy haciendo lo que me pediste; entonces, ¿por qué me sucede esto?” Este razonamiento considera que estar en el centro de la voluntad de Dios nos exime de problemas. En Mateo 14, vemos que Jesús mandó a los discípulos que entraran en la barca y que le esperaran en la orilla opuesta. Mientras le obedecían, surgieron olas y vientos fuertes. En verdad, las tormentas pueden surgir aun cuando nos encontremos exactamente donde Dios quiere que estemos ("Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.", Jn 16.33).

Otra pregunta que nos hacemos a veces es: “Señor, ¿qué he hecho mal?” Muchos pensamos que somos parte del problema. Dios utiliza, en efecto, las pruebas para corregirnos, pero no todas las situaciones provienen de nuestros errores. Él puede permitir las dificultades para perfeccionarnos, es decir, para hacernos más semejantes a Cristo. Eso sucedió con los discípulos. El Señor Jesús sabía lo que les esperaba, y deseaba que fueran aptos para la obra que les estaba llamando a hacer. Los impetuosos vientos crearon un ambiente propicio para que aprendieran una lección clave para su ministerio futuro.

Dios usa maneras diferentes para capacitarnos, pues quiere que seamos siervos de Jesucristo fuertes y dinámicos. Entendamos que nada puede sucederle a un hijo de Dios, a menos que Él lo permita. En vez de bajar nuestras cabezas ante las luchas de la vida, alcemos nuestros ojos al Señor, y busquemos sus propósitos en los retos que enfrentemos.


miércoles, 13 de abril de 2016

Miércoles: CONOCER A DIOS POR MEDIO DE JESÚS (Miqueas 6.6-8)

CONOCER A DIOS POR MEDIO DE JESÚS

Miqueas 6.6-8
6 ¿Con qué me presentaré ante Jehová, y adoraré al Dios Altísimo? ¿Me presentaré ante él con holocaustos, con becerros de un año?
7 ¿Se agradará Jehová de millares de carneros, o de diez mil arroyos de aceite? ¿Daré mi primogénito por mi rebelión, el fruto de mis entrañas por el pecado de mi alma?
8 Oh hombre, él te ha declarado lo que es bueno, y qué pide Jehová de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios.

Hay un mensaje sencillo que se repite una y otra vez en toda la Biblia: Dios se goza más por nuestros esfuerzos en conocerle, que por cualquier otra cosa que pudiéramos ofrecerle. Dios nos creó con un profundo deseo de que le conozcamos; por tanto, no debiera ser difícil entender que buscarle expresa nuestro amor mucho mejor que las palabras.

Comenzamos a aprovechar nuestro gran privilegio de conocer personalmente a Dios cuando recibimos su regalo de vida nueva en Cristo. A partir de ese momento somos llenos de su Espíritu Santo. El Señor Jesús, nuestro mediador, salvó la brecha de pecado que separaba a Dios y al hombre. Por su muerte en la cruz, hizo posible que, a pesar de lo pecadores que éramos, nos convirtiéramos en hijos de Jehová de los ejércitos, cuya santidad abrumó a Isaías (Is 6.1-7). Es imposible conocer verdaderamente a Dios, sin conocer primero a Jesús.
Is 6.1-7
1 En el año que murió el rey Uzías vi yo al Señor sentado sobre un trono alto y sublime, y sus faldas llenaban el templo.
2 Por encima de él había serafines; cada uno tenía seis alas; con dos cubrían sus rostros, con dos cubrían sus pies, y con dos volaban.
3 Y el uno al otro daba voces, diciendo: Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos; toda la tierra está llena de su gloria.
4 Y los quiciales de las puertas se estremecieron con la voz del que clamaba, y la casa se llenó de humo.
5 Entonces dije: ¡Ay de mí! que soy muerto; porque siendo hombre inmundo de labios, y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos.
6 Y voló hacia mí uno de los serafines, teniendo en su mano un carbón encendido, tomado del altar con unas tenazas;
7 y tocando con él sobre mi boca, dijo: He aquí que esto tocó tus labios, y es quitada tu culpa, y limpio tu pecado.

Si nos centramos exclusivamente en nuestras preocupaciones, aprenderemos muy poco acerca del Señor. Para hacer nuestro el privilegio que Cristo nos ha dado —el de conocer al Padre— tenemos que estar interesados en lo que le interesa a Él. Al observar con atención su manera de hacer las cosas, podemos llegar a entender lo que considera importante. Sabemos que a Dios le importan los que andan en oscuridad, los que no tienen a nadie que les ayude, los enfermos, los que sufren y los que mueren. Para aprovechar al máximo el privilegio de conocer al Señor más profundamente, debemos llevar su amor al mundo, e involucrarnos cada día en lo que está haciendo a nuestro alrededor.