miércoles, 2 de septiembre de 2015

Miércoles: La confianza cuando la fe vacila (Marcos 9.21-24)

La confianza cuando la fe vacila

21 Jesús preguntó al padre: ¿Cuánto tiempo hace que le sucede esto? Y él dijo: Desde niño. 
22 Y muchas veces le echa en el fuego y en el agua, para matarle; pero si puedes hacer algo, ten misericordia de nosotros, y ayúdanos. 
23 Jesús le dijo: Si puedes creer, al que cree todo le es posible. 
24 E inmediatamente el padre del muchacho clamó y dijo: Creo; ayuda mi incredulidad.

Miércoles 2 de septiembre de 2015
Puesto que la fe es la esencia de la experiencia cristiana, las consecuencias de una fe vacilante son de largo alcance. Una fe vacilante puede llevarnos a tomar malas decisiones. A veces, después de orar pidiendo dirección, podemos recibir una respuesta que nos lleva a pensar: No puedo hacer lo que me pide. Por tanto, en vez de rogarle a Dios que fortalezca nuestra fe, ponemos excusas. Podemos elegir posponer nuestra obediencia, incluso indefinidamente, para hacer otra cosa que consideremos igualmente valedera. Pero la obediencia parcial sigue siendo desobediencia, y esto lleva a situaciones que pueden ser muy graves.
Cuando nuestra fe tambalea, no solo tomamos malas decisiones, sino también muy costosas. Los israelitas vagaron cuarenta años en el desierto porque la nación permitió que la incredulidad se impusiera a su fe. La fe vacilante puede hacernos perder las bendiciones de Dios, y perjudicar a las personas que amamos.
Además, nuestra confianza se ve afectada por una fe cambiante. Si somos inestables espiritualmente, podemos ser turbados por cosas pequeñas e insignificantes. En vez de mantenernos firmes, nuestra confianza se vuelve débil. En vez de actuar con certidumbre, cuestionamos a Dios y dudamos de lo que estamos escuchando de parte de Él. También podemos encontrar que nuestro gozo disminuye, porque nuestra fe vacilante nos ha alejado de la voluntad de Dios. La paz interior de Dios, que una vez disfrutamos, se evapora cuando nuestra fe se debilita.
No importa qué tan inestable sea nuestra fe, Dios nos invita a acercarnos para fortalecer nuestra confianza en Él.




martes, 1 de septiembre de 2015

Martes: Cuando nuestra fe vacila (Santiago 1.1-8)

Cuando nuestra fe vacila

 Santiago, siervo de Dios y del Señor Jesucristo, a las doce tribus que están en la dispersión: Salud. 
Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, 
sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia. 
Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna. 
Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada. 
Pero pida con fe, no dudando nada; porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra. 
No piense, pues, quien tal haga, que recibirá cosa alguna del Señor. 
El hombre de doble ánimo es inconstante en todos sus caminos.
Martes 1ro de septiembre de 2015
La fe es la esencia de nuestra vida cristiana.  Es el medio por el cual somos salvos, recibimos perdón de nuestros pecados, disfrutamos de una relación personal con el Señor, y tenemos la seguridad de nuestra salvación. Por fe, experimentamos la paz de Dios y el poder del Espíritu Santo. La Biblia también nos dice que orar con absoluta confianza “puede mucho” (Stg 5.16). Sin embargo, nuestra vida, y sobre todo nuestras oraciones, tienden a caracterizarse por las dudas y la fe vacilante.
Nuestra fe vacila cuando . . .
Aplicamos la lógica humana a nuestras circunstancias. A veces, Dios nos exigirá que hagamos algo con lo cual la lógica humana no estará de acuerdo ("Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos.", Is 55.9).
Permitimos que nuestros sentimientos se impongan a nuestra fe. Puede ser un sentido de incompetencia lo que nos haga tropezar. El temor a la crítica o al fracaso puede hacernos dudar de que seamos capaces de hacer lo que el Señor pide.
No vemos a Dios actuando en nuestras circunstancias. Las dudas se cuelan cuando le pedimos al Señor que actúe, pero pareciera que nada sucede.
Tenemos sentimientos de culpa por pecados pasados o presentes. No podemos responder con fe cuando estamos bajo convicción de pecado o pensando todo el tiempo en una falta cometida en el pasado.
Escuchamos las mentiras del enemigo. Satanás es el padre de mentira, y su objetivo es que rechacemos la verdad de Dios, y creamos en sus artimañas.
Fe es “la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve” (He 11.1). ¿Cómo está su fe? ¿La confianza y la seguridad caracterizan su vida?